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miércoles, 1 de febrero de 2012

En cuanto a dios...

En cuanto a “dios”… bueno...
La naturaleza no depende de nosotros, de nuestra voluntad o nuestro deseo... nosotros nos hacemos, en cierto modo, de acuerdo a ella.
Pero “dios” es un engendro que nació de los temores humanos, del ansia de poder de unos sobre otros, de la imaginación e inventiva humana.
La gente siempre tuvo miedo, siempre tuvo desdicha y fue desgraciada, por lo tanto tuvieron la necesidad de buscar algo que de fín a su sufrimiento, que les de un porqué, un motivo a dicho sufrir. Por esto es que inventaron a este ser con el fín de que llegue a satisfacer sus deseos, sus sueños… pero todos se ven cegados por este “dios” mítico, que no les permite ver más allá y encontrar la verdad.
“Dios” no es más que una fantasía, nació de nosotros, de nuestra imaginación, de nuestro miedo.
Y qué nos puede decir su religión de él, qué nos puede decir el dogma, más que falsas verdades sustentadas y apoyadas por sus pobres corderos.
“Que dios nos ama, nos perdona, nos ayuda…”, sólo veo a un “dios” veleidoso, bárbaro, cínico, que tuvo la fuerza para crear al mundo y a los humanos, pero que luego se vuelve una criatura débil e impotente que no puede imponer su voluntad a los hombres.
Si ese “dios” nos creó a “su imagen y semejanza”, entonces de qué “dios” perfecto nos hablan, porqué debemos de ser dignos de él.

domingo, 22 de enero de 2012

Más allá del olvido

alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor

Alejandra Pizarnik

jueves, 13 de octubre de 2011

Glosario: Amor






Apego sentimental a una persona o gusto pronunciado por una cosa. Tal es la definición de uso corriente que, sin pretenderla perfecta, parece ser la más apropiada para expresar diversos sentimientos que, con frecuencia, tanto por su origen como por su naturaleza, no tienen casi ninguna relación entre sí. Nuestra definición no será completa si no distinguimos entre el amor que tiene por objeto las cosas y el amor que tiene por base a seres animados, principalmente a los seres humanos. Y, en este último caso, distinguir entre el amor que se siente por uno mismo y el que sentimos por el prójimo; entre el amor idealista, familiar o apasionado, y el amor sexual, porque las características no son idénticas.
El amor a sí mismo está representado por el instinto de conservación personal, con el deseo de adquirir la felicidad y de asegurar el bienestar. Lo que nombramos ‘amor propio’ es el amor a sí mismo concebido desde el punto de vista moral; es decir, el respeto a uno mismo. A medida que éste tiende a conservar lo que hay de mejor en nosotros, aumenta la inquietud de nuestra dignidad con respecto a la apreciación que puedan tener acerca de nuestra conducta aquellos a quienes le hemos concedido estima y afecto. El amor propio y el amor a sí mismo no son defectos, sino grandes y fuertes cualidades que vuelven activo y de trato agradable al individuo, tanto en lo que atañe a su interés particular como, indirectamente, en lo que afecta a virtudes de utilidad social.
Ni el amor propio, ni el amor a sí mismo deben confundirse con el egoísmo que, desde el punto de vista de la utilidad social, no es una virtud, sino un vicio, si para la palabra egoísmo queremos conservar la significación consagrada por el uso y no exenta de razón. En efecto, la palabra egoísmo no significa –con arreglo a su etimología– amor a sí mismo, sino sobre todo rebuscamiento de satisfacciones personales sin consideración
a las consecuencias que esa satisfacción pueda tener para el prójimo. Definido así, el egoísmo aparece como un notable factor de tiranía y como uno de los más grandes obstáculos para la armonía social.
El amor (y, podríamos decir, el gusto particular o la inclinación) que tenemos por ciertas cosas, en oposición a la indiferencia, parece provenir exclusivamente de la aversión que experimentamos hacia otras cosas, las costumbres y aptitudes trasmitidas por herencia y por sugestión de nuestra educación primera, modificadas por la propia experiencia y la influencia del medio. Este amor hacia las cosas, que parecen una prolongación
de nuestro propio yo, o –fisiológica o intelectualmente– como un alimento en relación con nuestras necesidades, es caracterizado por el deseo de posesión, que no llega a ser un mal mientras no tome proporciones extremas, como el deseo irrefrenable de apropiación o de acaparamiento.
Si examinamos y estudiamos el amor que experimentamos por los seres vivientes semejantes o cercanos a nosotros, a los cuales nos ligan simpatías, encontramos algo más que el deseo del goce por la posesión, sobre todo cuando no están en juego ni la pasión erótica ni el ardor sexual. ¿Es que no vemos con frecuencia a gentes bien modestas privarse de satisfacer necesidades perentorias para socorrer, sin ninguna certeza de
reciprocidad, a gentes que viven en poblaciones lejanas a las cuales seguramente ni siquiera visitarán nunca? Es porque las costumbres milenarias de la ayuda mutua, más fuerte que las rivalidades de todo género, han establecido una solidaridad que a veces se manifiesta por actos espontáneos libres de cálculos, incluso entre seres que pertenecen a razas o especies diferentes.
Y es porque las personas que amamos son como una especie de prolongamiento de nosotros mismos, y un poco incluso nosotros mismos. De ahí que participemos indirectamen te, a veces de manera muy viva, en sus sufrimientos y alegrías.
Y esto nos induce a considerar el amor en su forma más idealista: la que aspira a la felicidad propia por la conciencia de la felicidad ajena, aunque ésta se pague con el sacrificio de nuestro propio placer o de nuestra seguridad. El instinto maternal, la amistad, el misticismo social ofrecen frecuentes ejemplos de
lo que acabamos de decir.
No podemos decir lo mismo del amor cuando es engendrado por la atracción sexual. Esta forma del amor predispone, en efecto, a un verdadero frenesí de apropiación, a una marcadísima sed de éxtasis egoísta, a pesar de las apariencias. Cuando la violencia exquisita y brutal de esos apetitos se modera, principalmente
en el hombre, es sólo porque intervienen sentimientos más durables y más dulces: el cariño compartido, la estima mutua, la comunidad de costumbres y aspiraciones. Así, según los temperamentos, las circunstancias y el grado de educación, el amor sexual es susceptible de tomar las más variadas formas.
En cualquiera de sus manifestaciones, ennoblecido por la inteligencia y el saber, o simple y llanamente en su expresión sexual, el amor debe ser libre. Se basta a sí mismo desde el instante en que sin dañar a nadie embellece nuestra existencia y contribuye a nuestra felicidad. El amor no tiene necesidad de la excusa de la procreación, que es solamente su consecuencia normal, ni de una sanción legal o religiosa, que no son más que reglamentos interesados o simples formalidades convencionales.
El amor contiene su propia poesía y su plena justificación.
El humo del incienso y la lectura monótona del código civil son incapaces de hacer nacer el amor en donde no existe, de conferirle moralidad donde no es más que asqueroso regateo. El despotismo del legislador es impotente para restablecer la unión de almas y el apetito de los sentidos en el seno del hogar donde no exista más que animosidad y odio.
Admitir el principio de la libertad del amor es reivindicar intensamente para los demás, como para nosotros mismos, el derecho de amar a quien nos plazca, de la manera que nos plazca, sin otra obligación que la de tomar bajo nuestra responsabilidad el daño que nuestra conducta haya aportado a la existencia del prójimo.

Jean Marestan

viernes, 23 de septiembre de 2011

Hombre que mira a una muchacha

Para que nunca haya malentendidos
para que nada se interponga
voy a explicarte lo que mi amor convoca

tus ojos que se caen de desconcierto
y otras veces se alzan penetrantes y tibios
tienen tanta importancia que yo mismo me asombro

tus lindas manos mágicas
que te expresan a veces mejor que las palabras
tan importantes son que no oso tocarlas

y si un día las toco es solamente
para retransmitirte ciertas claves

tu cuerpo pendular
que duda en recibirse o entregarse
y es tan joven que enseña a pesar tuyo
es un dato del cual me faltan datos
y sin embargo ayudo a conocerlo

tus labios puestos en el entusiasmo
que dibuja palabras y promete promesas
son en tu imagen para mí los héroes
y son también el ángel enemigo

en mi amor estás toda o casi toda
me faltan cifras pero las calculo
faltan indicios pero los descubro

sin embargo en mi amor hay otras cosas
por ejemplo los sueños con que muevo la tierra
la pobre lucha que libré y libramos
los buenos odios esos que ennoblecen
el diálogo constante con mi gente
la pregunta punzante que me hicieron
las respuestas veraces que no di

en mi amor hay también corajes varios
y un miedo que a menudo los resume
hay hombres como yo que miran tras las rejas
a una muchacha que podrías ser vos

en mi amor hay faena y hay descanso
sencillas recompensas y complejos castigos
hay dos o tres mujeres que forman tu prehistoria
y hay muchos años demasiados años
de inventar alegrías y creerlas
después a pie juntillas

querría que en mi amor vieras todo eso
y que vos muchachita
con paciencia y cautela
sin herirme ni herirte
rescataras de allí la luna el río
los emblemas rituales
los proyectos de besos o de adioses
el corazón que aguarda pese a todo.


Mario Benedetti.

Siempre que quiero recordar esos momentos cierro los ojos y todo viene fácilmente: imágenes, charlas, olores, sentimientos… todo. Siempre comienzan de la misma manera y me dejan con la misma sensación… algo faltó, que debió haber hecho que esos recuerdos fuesen con un final feliz, o que no me dejen con este sabor amargo, con una sensación de vacío difícil de tapar.
Sueño despierto gran parte del tiempo, siempre en lo mismo, no puedo evitar traerlos a mí en distintos momentos del día... mi mente me arrastra hacia ellos, repitiéndomelos constantemente, como queriéndome demostrar algo, algún detalle que dejé pasar. Y por más que trate, es siempre lo mismo, no entiendo porqué todo sucedió de esa forma, qué es lo que no entendí de esos momentos y que hoy me tienen así, lleno de dudas.
Quisiera tener unos momentos a solas, sin mi memoria, sin que mi conciencia, mi corazón y todo de mí, me juzguen por simples actos que el único fin que tienen es alivianar tantos pensamientos.




(Realmente no sé… lo encontré entre tantas otras cosas y bueno, acá está.
Podría cambiar algunas cosas, sacar otras, o poner otras, pero por algo lo escribí de esa forma… y así quedará.)

domingo, 28 de agosto de 2011

Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro






Soy el mismo, como antes, enemigo declarado de la realidad existente, sólo con esta diferencia: que he cesado de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí, la metafísica y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi alma, en el mundo práctico, el mundo del hecho real.
Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación.
Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero; sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente; ella está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud y debo libertarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándole el sentimiento de su fuerza y de sus derechos.
Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro; el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aun y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.
He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo; querer la dependencia de aquel a quien se ama es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería lo más peligroso e infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad.
Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo. Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora.
Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos –no son más que mentiras–; la verdad no es una teoría, sino un hecho; la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual.


Mijail Bakunin - Fragmento de una carta a su hermano Pablo, fechada en París el 29 de marzo de 1845

Cómo se preparan los sueños



Hi, and welcome back to another episode of "Télévision Educative". Tonight, I'll show you how dreams are prepared. People think it's a very simple and easy process but it's a bit more complicated than that. As you can see, a very delicate combination of complex ingredients is the key. First, we put in some random thoughts. And then, we add a little bit of reminiscences of the day... mixed with some memories from the past.
That's for two people. Love, friendships, relationships... and all those "ships", together with songs you heard during the day, things you saw, and also, uh... personal... Okay, I think it's one.

lunes, 22 de agosto de 2011

Si tan solo pudiera dejar de pensar

"Me levanto sobresaltado; si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de los pensamientos están las palabras, las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción...
Sigue, sigue, y no termina nunca. Es peor que lo otro, porque me siento responsable y cómplice. Por ejemplo, yo alimento esta especie de rumia dolorosa: existo. Yo. El cuerpo, una vez que ha empezado, vive solo. Pero soy yo quien continúa, quien desenvuelve el pensamiento. Existo. Pienso que existo. ¡Oh, que larga serpentina es esa sensación de existir! Y la desenvuelvo muy despacito...¡Si pudiera dejar de pensar! Intento, lo consigo: me parece que la cabeza se me llena de humo...y vuelve a empezar: "Humo...no pensar...no quiero pensar. No tengo que pensar que no quiero pensar. Porque es un pensamiento". ¿Entonces no se acabará nunca?
Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso...y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento - es atroz - si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. Los pensamientos nacen a mis espaldas, como un vértigo, los siento nacer detrás de mi cabeza..., si cedo se situarán aquí delante, entre mis ojos, y sigo cediendo, y el pensamiento crece, crece, y ahora, inmenso, me llena por entero y renueva mi existencia."


"La Náusea" - Jean Paul Sartre

domingo, 21 de agosto de 2011

As time goes by







Ha pasado tanto tiempo... y con él demasiadas promesas que jamás se cumplieron, desenmascaradas por los hechos... se han sepultado tantas esperanzas, quebrantadas por tantas mentiras, que a veces pienso que ya no vale la pena luchar, y que conforme pasa el tiempo, sólo queda soñar.


viernes, 19 de agosto de 2011

Perdón...


Ok, por dónde empezar. Por una pregunta, creo que puede ser un buen comienzo.. ¿ Por qué la gente pide perdón ?.
En realidad, tal vez esa pregunta abarque mucho y se deba más que nada a que me molesta, o no me gusta, que alguien pida "perdón" por algo que hizo y que, más importante aún, sabía que iba a afectar de alguna manera a esa persona a la cual se lo dice. A lo que voy es a que "NO", no pidas "perdón" por un acto que al momento de realizarlo no te importó lo que podías generar en la otra persona.. y NO, tampoco digas que no te diste cuenta, porque sí te diste cuenta pero, nuevamente, no te importó nada y seguiste adelante con tu actuar.
Tampoco confío en los "no me dí cuenta" porque, seamos honestos, ya somos grandes y nos damos cuenta de las consecuencias que pueden provocar nuestros actos, salvo que tengamos algún problema de comprensión, pero este no es el caso. Ya no somos nenes chiquitos que no se dan cuenta de lo que hacen, esto pasó hace mucho y si no aprovechamos esa inocencia en su momento, ya es tarde para querer justificarse en ella.
Y junto a estos palabras se encuentran también las "excusas", los motivos por los cuales hacen libre uso del "perdón" y el "no me dí cuenta", que vendrían a conformar el combo perfecto que afirma mi teoría (bueno.. "teoría", no sé.. para mí lo es, aunque tal vez no lo sea.. y encima sea totalmente errónea.. en fin) de que esa persona está mintiendo, lisa y llanamente, está mintiendo.. y no se da cuenta que la otra persona no le cree, salvo que sea muy boluda (hablando mal y pronto).



Aclaración:
No sé, esto lo acabo de escribir directamente.. no tuvo un paso previo por las hojas de un cuaderno para tener la oportunidad de hacer algún arreglo, o de arrepentirme y no llegar a publicarlo, porque también cabe la posibilidad de que sólo sea una locura mía esto que acabo de escribir, ya que depende de cada persona la visión que se tenga sobre este tema.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La insoportable levedad del ser




"Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.


La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad.


Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores. "



"La insoportable levedad del ser" - Milan Kundera

domingo, 7 de noviembre de 2010

El amor y la locura

Cuentan que una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre. Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: - ¿Vamos a jugar a las escondidas?! La INTRIGA levantó la ceja intrigada y la CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó:

- ¿A las escondidas?... ¿y cómo es eso? - Es un juego -explicó la LOCURA- en que yo me tapo la cara y comienzo a contar uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.

El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA, la ALEGRÍA dió tantos saltos que terminó por convencer a la DUDA, e incluso a la APATÍA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar... la VERDAD prefirió no esconderse, para qué? si al final siempre la hallaban, y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la COBARDÍA prefirió no arriesgarse...

- Uno, dos, tres... -comenzó a contar la LOCURA. La primera en esconderse fue la PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino, la FE subió al cielo y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos...

¿Que si un lago cristalino?, ideal para la BELLEZA. ¿Que si la hendija de un árbol?, perfecto para la TIMIDEZ. ¿Que si el vuelo de la mariposa?, lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD. ¿Que si una ráfaga de viento?, magnífico para la LIBERTAD... Así, la GENEROSIDAD terminó por ocultarse en un rayito de sol. El EGOÍSMO en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él. La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arcoiris), y la PASIÓN y el DESEO en el centro de los volcanes. El OLVIDO... se me olvidó dónde se escondió...pero eso no es lo importante.

Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que divisó un rosal... y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

- Un millón!!!- contó la LOCURA y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó la FE discutiendo con Dios en el cielo sobre Zoología... La PASION y el DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró la ENVIDIA y, claro, pudo deducir dónde estaba el TRIUNFO. El EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo. Él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la BELLEZA y con la DUDA resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse...

Así fue encontrando a todos... al TALENTO entre la hierba fresca, a la ANGUSTIA en una oscura cueva, a la MENTIRA detrás del arcoiris... (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta al OLVIDO... que ya se le había olvidado que estaba jugando a los escondidos... pero sólo el AMOR no aparecía por ningún sitio.

La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando estaba dándose por vencida divisó un rosal y las rosas... Y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó... Las espinas habían herido en los ojos al AMOR; la LOCURA no sabía qué hacer para disculparse...lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la tierra: EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA.


Eduardo Galeano

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mal de amores

Digámoslo de inmediato: nosotros no tenemos ninguna solución para remediar los males que provienen del amor, porque éstos no se pueden destruir con reformas sociales ni con un cambio de costumbres. Están determinados por sentimientos profundos, podríamos decir fisiológicos del hombre, y no son modificables, cuando lo son, sino por una lenta evolución y de un modo que no podemos prever. Queremos la libertad; queremos que los hombres y las mujeres puedan amarse y unirse libremente sin otro motivo que el amor, sin ninguna violencia legal, económica o física. Pero la libertad, aun siendo la única solución que podemos y debemos ofrecer, no resuelve radicalmente el problema, dado que el amor, para ser satisfecho, tiene necesidad de dos libertades que concuerden y que a menudo no concuerdan de modo alguno; pues la libertad de hacer lo que se quiere es una frase desprovista de sentido cuando no se sabe querer algo. Es muy fácil decir: “Cuando un hombre y una mujer se aman, se unen, y cuando dejan de amarse, se separan”. Pero sería necesario, para que este principio se convirtiese en regla general y segura de felicidad, que se amaran y cesaran de amarse al mismo tiempo. Pero ¿y si uno ama y no es amado? ¿Y si mientras uno ama, el otro ya no lo hace y trata de satisfacer a una nueva pasión? ¿Y si uno ama al mismo tiempo a varias personas que no pueden adaptarse a esa promiscuidad?
“Yo soy feo”, nos decía un amigo; “¿qué haré si nadie me quiere?”. La pregunta mueve a risa, pero también nos deja entrever verdaderas tragedias.
Otro, preocupado por el mismo problema, decía: “Hoy, si no encuentro amor, lo compro, aunque tenga que economizar mi pan. ¿Qué haré cuando no haya mujeres que se vendan?”. La pregunta es horrible, porque muestra el deseo de que haya seres humanos obligados a prostituirse por el hambre, y sin embargo ¡es tan cruda y terriblemente humana!
Algunos dicen que el remedio se hallaría en la abolición radical de la familia; la abolición de la pareja sexual más o menos estable, reduciendo el amor al solo acto físico o, mejor dicho, transformándolo, con el añadido de la unión sexual, en un sentimiento semejante a la amistad, un sentimiento que reconozca la multiplicación, la variedad, la simultaneidad de los afectos.
¿Y los hijos…? Hijos de todos.
¿Puede ser abolida la familia? ¿Es de desear que lo sea? Notemos ante todo que, a pesar del régimen de opresión y de mentira que ha prevalecido y que prevalece aún en la familia, ésta ha sido y continúa siendo el mayor factor de desarrollo humano, porque es en la familia donde el hombre normalmente se sacrifica por el hombre, donde realiza el bien por el bien, sin desear otra compensación que el amor de la compañera y de los hijos.
Pero, se nos dice, eliminadas las cuestiones de intereses, todos los hombres serían hermanos y se amarían unos a otros.
Ciertamente, ya no se odiarían; ciertamente, el sentimiento de simpatía y de solidaridad se desarrollaría, y el interés general de los hombres se convertiría en un factor importante en la determinación de la conducta de cada uno. Pero esto aún no es el amor. Amar a todo el mundo se parece mucho a no amar a nadie. Podemos quizá socorrer a algunos, pero no podemos llorar todas las desgracias, porque nuestra vida se desharía entera en lágrimas; y sin embargo las lágrimas de simpatía son el más dulce consuelo para un corazón que sufre. La estadística de los fallecimientos y de los nacimientos puede ofrecernos datos interesantes para conocer las necesidades de la sociedad; pero no dice nada a nuestros corazones. Nos es materialmente imposible entristecernos por todo ser humano que muere y regocijarnos por cada nacimiento.
Y si no amamos a uno más vivamente que a otros; si no hay un solo ser por el cual estemos más particularmente dispuestos a sacrificarnos; si no conocemos otro amor que ese amor moderado, vago, casi teórico, que podemos sentir por todos, ¿no resultaría la vida menos rica, menos fecunda, menos bella? ¿No se vería disminuida la naturaleza humana en sus más bellos impulsos? ¿No nos veríamos privados de las alegrías más profundas? ¿No seríamos más desgraciados?
Por lo demás, el amor es lo que es. Cuando se ama fuertemente, se siente la necesidad del contacto, de la posesión exclusiva del ser amado. Los celos, comprendidos en el mejor sentido de la palabra, parecen formar y forman generalmente una sola cosa con el amor. El hecho podrá ser lamentable, pero no puede cambiarse a voluntad, ni siquiera a voluntad del que los sufre en persona.
Para nosotros el amor es una pasión que engendra por sí misma tragedias. Estas tragedias no se traducirían en actos violentos y brutales, ciertamente, si el hombre tuviese el sentimiento de respeto a la libertad ajena, si tuviese bastante imperio sobre sí mismo para comprender que no se remedia un mal con otro mayor, y si la opinión pública no fuese, como hoy, tan indulgente para los crímenes pasionales; pero las tragedias no serían por ello menos dolorosas.
Mientras los hombres tengan los sentimientos que tienen –y un cambio en el régimen político y económico de la sociedad no nos parece suficiente para modificarlos por entero– el amor producirá al mismo tiempo grandes alegrías y grandes dolores. Se podrá disminuirlos y atenuarlos con la eliminación de todas las causas que puedan ser eliminadas, pero su destrucción completa es imposible.
¿Es ésa una razón para no aceptar nuestras ideas y querer permanecer en el estado actual? Así se actuaría como aquel que no pudiendo comprar abrigos lujosos quisiera permanecer desnudo, o como aquel que no pudiendo comer perdices todos los días renunciase al pan, o como un médico que, dada la impotencia de la ciencia actual frente a ciertas enfermedades, se negase a curar las que son curables.
Eliminemos la explotación del hombre por el hombre, combatamos la pretensión brutal del macho que se cree amo de la hembra, combatamos los prejuicios religiosos, sociales y sexuales, aseguremos a todos, hombres, mujeres y niños, el bienestar y la libertad, propaguemos la instrucción, y entonces podremos regocijarnos con razón si no quedan más males que los del amor.

Errico Malatesta